Chicabal

Chicabal

 

  Me veo a mi mismo en el 2013. Tengo 22 años. Me encuentro en mi segundo viaje largo por Guatemala. Como la mayoría de mis viajes, o como buena parte de mi vida, viajo solo. No estoy seguro de que pretendo encontrar ahí. Tal vez un retorno a uno de los muchos orígenes distantes de mi sangre. Tal vez regreso a cumplir algo que el padre de mi abuela pidió por dentro a sus descendientes mientras cruzaba el Suchiate para salvar su vida. Tal vez al buscar raíces esa versión previa pretendía superar sus propias contradicciones internas. O tal vez voy inspirado por mi amigo Toe que hace un par de días habría cumplido 32 años (cuya presencia viva en mi memoria nunca dejara de inspirarme), y que murió el año anterior a aquel viaje, y me conto sus experiencias por Guatemala, un lugar dramático donde la vida y la muerte se manifiestan juntas como una pareja enamorada caminando de la mano.

 

Si me pongo a pensarlo tenía que estar ahí. Algo me llevo a estar en esas tierras en ese momento. No iniciare un debate sobre la ambigüedad de la dicotomía casualidad/casualidad. A veces supongo que me pongo medio new ager, y creo que bien podemos estar pagando los traumas familiares de generaciones previas. Veo los dulces ojos marrones de mi abuelita trasladados a la cara de una niña, cruzando el rio a hombros de su padre sin entender porque se van y dejan todo atrás, sin entender que pasarían varias décadas para que pudiera regresar, sin entender que su padre regresaría por nostalgia o compromiso, y moriría en una cárcel guatemalteca sin volverla a ver. Sin saber que su futuro nieto León regresaría un día, por ese mismo rio y en el reflejo del agua vería esos mismos ojos marrones de su abuela en el reflejo de las aguas marrones del Suchiate, y en los ojos de las doñitas chapinas. Que su nieto León llegaría a Cobán y se sentaría en el pequeño zocalito transformado en vagabundo, y se la imaginaría paseando de la mano de su madre por el zócalo.

 

Guatemala es una tierra extraña. Tan hermosa como terrible. Una tierra donde el trauma se transporta como tarjeta de presentacion, se comparte en las relaciones intersubjetivas y en las borracheras de Quetzalteca. Donde el artesano que ves sentado en la calle fue guerrillero, donde el señor amable que predica el evangelio fue marero, y el viejito que juega ajedrez en el parque fue sargento de kaibiles y asesino y quemo aldeas enteras. Donde las víctimas son vecinos de los victimarios y se ven obligados a convivir, todos los días, en un bucle infinito de dolor e hipocresía. Donde puedes morir en la calle en Chimaltenango y te dejaran tirado y tardaran varias horas en recogerte, y nadie te prestara demasiada atención, pues la muerte es parte del cotidiano, como en todos lados, pero ahí es omnipresente.

 

Viajar en Guate, fuera del circuito turístico requiere aceptar esa omnipresencia de la muerte. He ido varias veces, no hay vez que no la haya visto pasar rozándome. Y sin embargo es en esa tierra golpeada donde tambien he tenido algunos de los días donde más vivo me he sentido. Hace algunos meses, un conocido me pregunto en la peda “ ¿todas tus historias son feas y sórdidas?” No, es solo que lo bello, los momentos de sincronía vital, aquellos que se transforman en recuerdos que a su vez se transforman en combustible en los días grises, son mucho más difíciles de narrar.

Pero supongo que lo intentaré. Intentaré explicar un día, un día donde la vida y la muerte se encontraron he hicieron en amor ante el voyeur que sería ese León de 22 años. Un día y un lugar. El lugar es Chicabal y el día, si bien no me acuerdo de la fecha exacta, si me acuerdo de lo azul que estaba el cielo, de las figuras que vi en las nubes, de cómo me sentía cuando tome el colectivo a San Martin Chile Verde.

 

Fue mi amigo valenciano Edgar alias Kawil Awip quien me hablo por primera vez de Chicabal cuando le pregunte en Chiapas que me recomendaba conocer cerca de Xela. Me hablo de un pequeño volcán inactivo con una lagunita encima que los pobladores cuidaban pues para ellos era sagrado. Esa era mi única referencia, así que despues de algunos días aclimatándome a la pensión barata llamada Casa Argentina (en honor al nombre de la dueña no al país) y haciendo amigos, y emborrachándome me decidí ir.

 

 Supongo que es un cliché decir que “no estaba preparado para lo que encontraría” pues finalmente nunca estamos realmente preparados para lo que encontramos, ni siquiera cuando así lo creemos. Me avergüenza decir que me imaginaba a Chicabal como un lugar ecoturístico tipo Agua Azul, o las Cascadas de Chiflón en Chiapas. Sin embargo, el lugar parecía estar vacío había una especie de caceta de vigilancia y un guardia que me cobro un precio simbólico.

Pensaba que no habría que caminar tanto para llegar, al final tarde un par de horas para llegar a la cuesta, y cuando llegue vi las ofrendas a la orilla del lago y me quede sentado durante horas ahí, en ese lago prístino, brillante, donde los peces nada tímidos pues sabían que no iban a ser pescados nadaban perezosos casi al ras de la orilla y donde esas aguas tranquilas pues en su condición de sagradas nunca habían sido enturbiadas por bañistas domingueros.

Recuerdo que llevaba una veladora. Recuerdo que la prendí y me quedé asombrado por el peso de emociones raras que me despertaba ese lugar. Recuerdo (y no me avergüenzo) que pedí ante la vela. Recuerdo como el peso de mis viejas cicatrices rancias iba desapareciendo poco a poco. Recuerdo que sin tristeza ni dolor mis lágrimas me llegaron por sorpresa y descendieron por mis mejillas y cayeron en esa tierra, y eran las mismas lagrimas que contuve de niño, no eran las lágrimas de ese León de 22 años.

. Antes había vivido experiencias catárquicas parecidas, en el desierto, en la sierra oaxaqueña. Pero siempre con la ayuda de ciertos cactus y ciertos hongos. Esto era diferente. Mi razón no podía achacarle a esa extraña explosión de murallas internas el efecto quimico de las plantas

Y de pronto mientras yo estaba así, llorando y sonriendo al mismo tiempo frente a una veladora, sentado en un tronco empieza a llegar gente, y me doy cuenta de que están poniendo nuevas ofrendas, y son muchos, tal vez unos 10 grupos de alrededor de 20 personas cada uno. Y lo hacen con una mezcla de alegría y solemnidad.

Yo mantengo una distancia respetuosa, y los saludo mientras van a las cruces veo que en cada cruz hay un anciano con un paliacate rojo en la cabeza, y me doy cuenta de que el azar o la causalidad me condujeron a ese lugar en un día especial. Me doy cuenta de que los que estoy viendo es una ceremonia importante. Veo como los ancianos se quedan cuidando y hablándole al fuego. Mientras las familias preparan la comida y se sientan riendo, y los niños juegan.

Y se me acerca uno de ellos, el más cholo. Supongo que le llame la atención por ser el único foráneo en ese lago. Y platicamos. “De dónde eres” “mexicano” Y me dice que él había estado en México camino al gabacho. Y nos caemos bien. Me invita a sentarme con ellos y me ofrecen de comer. Y me dicen que ese lugar y esa fecha en particular son sagrados para los mam y que cada año en esa fecha en el calendario ritual, los Mam de los alrededores se reúnen ahí para pedirle al “Dueño” por sus vivos y sus muertos. Para que las cosas se acomoden, y puedan moverse en sincronía. Y yo le pregunto al viejo que reza, que es tío de mi nuevo amigo, si puedo dejarle mi velita y un poco del copal que llevo conmigo como una ofrenda al lugar y dice que sí y simplemente los tira al fuego.

Y el viejo me pregunta mi nombre y se lo digo, y de pronto me doy cuenta de que esta pidiendo por mi al fuego, está rezando por mí al espíritu de ese lugar. Y me doy cuenta de que ese momento es único, que será irrepetible. Y nos quedamos ahí contando chistes, compartiendo historia y comida.

Finalmente llega la hora de irse. Me preguntan que a donde voy, les digo que a Xela, y me ofrecen un aventón.  Cada familia dejo una pick-up a mitad del cerro y subimos, fácilmente había más de 10 personas en la caja de atrás de la pick up. Seguimos platicando en la carretera contando chistes, me doy cuenta de que me están cabuleando en mam.

 Pero de pronto vamos viendo y una de las camionetas de atrás se derrapa. Un señor y una viejita caen de la caja. La camioneta queda precariamente al borde del barranco, solo una fila de llantas se encuentra sobre el pavimento, la otra flota en el vacío. Todos bajamos. El señor que se cayó se levanta sin quejas, aunque esta sangrando, y ayuda a la anciana a levantarse, un hilo de sangre cae por la sien de la doñita y sin embargo ambos están completamente tranquilos, como si no hubiera pasado nada.

La viejita y el señor, y todos los de las demás camionetas bajamos y empujamos y hacemos palanca hasta que  finalmente logramos poner la totalidad de la camioneta en tierra firme. Y arrancamos de nuevo. Llegamos al pueblo de mis nuevos amigos. Me explican con detalle donde tomar el colectivo a Xela. Y regreso. Y ya está, esa es la historia de un día muy especial para mí.  

 

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Libros

Soy adicto a la lectura desde que era niño. Tengo asperger, así que en ese entonces la literatura (ya fueran libros de historia, cuentos tradicionales, o lo que fuera) era una forma de abstraerme de un entorno social que no comprendía y sigo sin comprender, después, cuando descubrí las drogas encontré otras formas de abstracción, pero que nunca desplazaron a la literatura. Cuando tenía trece años descubrí una página de internet argentina (que ya no existe) llamada katarsis.net donde se podían descargar una colección de diversos autores malditos escaneados, hay que recordar que en ese entonces no había ebooks.

Lo primero que leí fue la traducción en castellano de Aullido de Ginsberg, quede como noqueado, nunca había leído nada parecido: “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles…”  me parecía profético en ese entonces, pero nunca me imaginé cuanto… Recuerdo que trate de enseñarle mi descubrimiento a mi padre, que tras leer dos líneas me dijo que le parecía “escatológico”, yo no sabía que significaba eso, pero intuí que no le gusto. A mis compañeros de secundaria también se los trate de mostrar pero solo lo tomaron como un chiste sin importancia

Inmediatamente después encontré a A. Artaud. Si algún día tienen hijos, no les permitan leer a Artaud en su edad formativa. O crecerán idealizando la locura como una fuente de liberación de un mundo percibido como una cárcel conceptual.

Cuando entre de lleno  la pubertad y el pajarito empezaba tener ganas de juguetear, no tarde en encontrarme en Bukowski un compañero de tropelías. Me gustaba su humor sardónico y su misoginia de fracasado, a los catorce yo idealizaba el sexo tanto como todos, pero tener el fantasma de un cincuentón alcohólico y castigado por el acné me ayudo un poco.

Trate de encontrar esos libros en la pequeña y única librería de la pequeña ciudad de provincia donde crecí, pero no estaban, la sala de literatura estaba llena de realismo mágico sudamericano, las novelitas históricas reaccionarias de Krauze, y algunos clásicos.

Hoy veintidós de diciembre voy a Miguel Ángel de Quevedo para comprar algunos libros de regalo de navidad que sé que les van a gustar a mis padres, Alguien voló sobre el nido del  cucó de Kesey para mi padre, y Patagonia Express, de Sepúlveda para mi madre.

Las librerías están abarrotadas con una mayoría de  gente rica, que miran a su servidor como si fuera un teporocho que entra a pedir limosna, y bueno, que puedo decir, estoy tatuado, con barba de cuatro meses, y mi ropa la he usado los últimos dos días (menos mi ropa interior, hay que decirlo). Hay incluso un par de guardaespaldas a la entrada de la librería Gandhi. Al parecer esa gente considera que no pertenezco a su bonita librería elitista. Una señora toda enjoyada dice que anda buscando “un libro de una tal Ana Karenina”(sic)…

La literatura en mi país, como el arte, y la mayoría de lo que la gente llama erróneamente “Cultura” (hay que recordar mi formación en antropología) es solo otro bien de consumo de lujo y un bien que otorga status (cocaína intelectual).  Si quieres educarte con literatura en México solo tienes tres alternativas: Televisa,  poder gastar un mínimo de entre tres y seis salarios mínimos por un libro, o perder los ojos descargándolos por internet (si logras encontrar el tomo que estás buscando). Así perdió sus ojos su servidor, pero eso no cambia el hecho de que a veces, cuando tengo los recursos prefiera compra libros a por ejemplo comer, a veces cuando me avorazaba en las librerías (cuando se me pagaba como asistente de investigación, que es otra historia) solía comprarme unos siete libros  al mes y comer durante semanas pan o tortillas.

No es fácil encontrar libros “malditos” en México. La mayoría de lo que se publica en mi país son aquellos tomos que le gustan al poder hegemónico. A la fecha creo que ni siquiera se han publicado a los Beats en nuestro país. Creo que ni al pobre Miller… Lo más cercano que puedes encontrar son las prohibitivas y  españolizadas traducciones de Anagrama. No me malentiendan, no creo que el gusto por leer te haga más cabrón. La literatura que no es académica (ahora que lo pienso incluso la académica) no son sino castillitos en el aire.

Es un pasatiempo, un pasatiempo que puede ayudarte a tener distintas concepciones estéticas del lenguaje, que puede contarte historias bellas o demoledoras según te guste, pero que de ninguna forma te hace más inteligente, por más que con eso de los famosos hipsters se haya transformado en una moda tener conversaciones snobs sobre los autores que has leído. Visto de esa forma no es más que otra barrera hedonista para separarte del “vulgo”.

Por eso me da mucha tristeza entrar a una librería en México y encontrarme miradas de rechazo  social por el resto de los clientes. Esa clientela de clase media “intelectual” que descalifica lo que les extraño, y que ha ejercido un monopolio sobre lo que es literatura y lo que no lo es, son los mismos que aunque sean de supuesta izquierda observan pasivos (aun si se manifiestan el dos de octubre) como su nación agoniza. Son los mismos que a pesar de estar en contra del gobierno, lo legitiman al estar poco dispuestos a sacrificar su bienestar en el satus quo, por un futuro más promisorio. Si. Me asquea un poco la clase media “intelectual” de mi país, a pesar de haber nacido en su seno. Pero esos son otros temas.

 

 

Necesidades…

A veces siento que solo necesito:
Un baño caliente.
Una mujer que me diga que me ama al costado de mi cama.
Un revolver con una sola bala en el cajón de mi tocador.
Unos minutos más de gestación antes de mi nacimiento, solo para aclarar las ideas.
Los suficientes litros de keroseno para reducir a cenizas todas esas engorrosas versiones anteriores de mí mismo.
Unos cuanto miles de lapidas microscópicas para las neuronas perdidas.
Una tumba abierta para las decisiones no tomadas, las opciones ignoradas.
Mi vida en un libro de dibujos para colorear.
100 mg de Modiodal.

Luego recuerdo que no necesito nada de eso.
(Bueno tal vez el baño caliente…)
Solo vivir esta mi experiencia humana, con tanta intensidad con la que sea capaz.
Aunque esta sea corta, y así poder decir que hice lo que pude con lo que tuve, y que compartí con ustedes con sinceridad

Manifiesto Aperger

Espectro autista. Ese es el nombre del terreno desde donde veo pasar mi vida. Asperger. Una sola palabra que pretende delimitar mi percepción, y que de hecho lo hace puesto que nombrar es crear.

De todas formas, ¿quién era el tal Asperger? ¿Un psiquiatra, psicólogo, pedagogo? En todo caso un observador externo, otro médico-brujo de la modernidad, quizás uno más de aquellos que no hace tanto lobotomizaban disidentes. En todo caso les aseguro que el doctor Asperger era un neurotípico.

Asperger, una palabra sin significante, un apellido feo para nombrar esa singularidad interna e innombrable, porque como los viajes de peyote,  el lenguaje no se da abasto para expresar y representar.

Singularidad, en estos tiempos de “progres” hipócritamente “políticamente correctos” pareciera que la singularidad está de moda, hay una propensión e incluso promoción de cierto tipo de singularidades: un tinte original para el cabello, una idea novedosa en una reunión corporativa, un tatuaje o una perforación en un lugar poco frecuente…

Pero esas singularidades “atractivas” y premiadas socialmente solo responden a un mundo cada vez más deshumanizado en donde las masas aúllan por una migaja de individualidad, aunque sea en su expresión más superficial. Las singularidades premiadas son aquellas que favorecen el consumo en esta sociedad de capitalismo avasallante, mercadotecnia de falsa indivualidad para tu tarjeta de crédito.

Pues bien, eso no hace menos dolorosa la verdadera singularidad, aquella que te impide detectar los mensajes que para otros son evidentes, aquella que te ancla en lo que podría parecer (y a menudo parece)  un estado de desconexión perpetua con tus hermanos de especie..

No hay compensaciones para el Asperger. Tampoco hay cura, o aprendes a vivir con eso o la segunda opción derrotista más obvia.  Los medicamentos que te den los médicos-brujos, no son más que sedantes sociales, moldes para forzarte a encajar con docilidad en el marco de tu sociedad.

Pero no te engañes,  el mecanismo homogeneizador de nuestras sociedades posmodernas buscara excluirnos, desde las aulas de nuestra infancia  hasta el otoño de nuestra vejez. Si vives en un mundo de cuadrados y naciste siendo un circulo, no hay nada que hacer, se encargaran de apartarte del resto. Y si dejas que te aplasten, las cosas se tornan rápido una espiral descendente de determinismo del feo y depresión.

Mi consejo para mis hermanos del espectro autista nacidos y por nacer: No intentes encajar, aférrate a tu singularidad con uñas y dientes. Desconfía de la moral, defiende la ética. Busca motivación en la inspiración, si no puedes encontrar inspiración en el humano búscala en la naturaleza. No dejes que decidan por ti, si cedes aunque sea un milímetro, el molde tratará de imponerse. Para nosotros encajar es mutilarse.

No te engañas cuando percibes la estructura de mentiras que nos rodea. Hubo un tiempo en la antigüedad, y aun en el presente en ciertas sociedades no occidentales, en el que éramos socialmente aceptados en nuestra singularidad. Pero este es el tiempo y el lugar que nos tocó vivir, y solo podemos ser quienes somos.

Y no todo está perdido, si tienes suerte encontraras gente que te quiera (y si eres un maldito afortunado, tal vez que te ame) dentro de tu singularidad. Entre los otros “raros”, excéntricos, excluidos, rebeldes encontraras algunos. Ten cuidado con el amor romántico, y más aún con su idealización, pero no te cierres a la posibilidad. Recuerda que SOLO TÚ puedes vivir tu vida.

Y si duele. Pero eso es bueno, significa que aún no eres un autómata insensibilizado. No caigas en el solipsismo si puedes evitarlo. Y  busca una brecha para burlar el sistema. Ten cuidado con tu voluntad no la desperdicies porque es difícil de reencontrar. Cuídate de las adicciones duras, ya sean emocionales o químicas.

Ya lo dijo Krishnamurti: “No es signo de salud el estar adaptado a una sociedad profundamente enferma.”

Carne transitoria.

Todos los días.
Transenuente transitorio, solitario endémico.
Trascendiendo de todo juicio menos el propio.
Transitando los baches de mi vida.
Transgrediendo la programación impuesta.
Todos los días.
Transcribiendo lo aprendido en lucha cotidiana.
Trasnochando corazón.
Transfigurando certezas.
Transpirando mi existencia fluctuante a quien quiera recibirla.
Transmutando las heridas en experiencia viva.
Transhumante nomade de paisajes interiores y exteriores. Que no viaja para escapar sino para reencontrarse en otros rostros.
Todos los días.
Transformandome en quien quiero ser.
Este espíritu que responde a nombre de León.

Solola 2015.

Le dicen “independencia”…

Dicen que antier fue día de la independencia. ¿Independencia de quien?, fue una guerra sangrienta que tenía oportunidades de convertirse en una revuelta indígena que cambiaría el orden hegemónico, manipulada por unas cuantas familias criollas que la transformaron en un simple cambio de poderes.
Y yo reflexiono mientras veo el día aparearse con las aguas del Lago Atitlan , a una latitud distinta de la tierra que me vio nacer, pero cerca de la tierra que vio nacer a mi abuela, mi segunda madre. Mi abuela que tuvo que huir de su tierra cruzando el Suchiate a hombros de su padre para evitar un fusilamiento silencioso contra algún muro olvidado de dios en algún rincón de Escuintla.
La sangre que corre por mis venas es sangre viajera. Mestiza. E n mis venas buscan reconciliarse la carga kármica de los conquistados y los conquistadores. Producto de mil éxodos y exilios. Ahí el buscar construirme en mis pasos. El vagar parece un dictado de unos ancestros anónimos dispersos en cuatro continentes.
La bandera de mi tierra desangrada por parásitos sin corazón, me llena de tristeza. Independencia dicen, ¿pero independencia de quien? ¿De los abortos de humanidad que nos gobiernan? ¿De los intereses corporativos que han concesionado el 30% de mi país para extracción de gas y minas de cielo abierto? ¿Que hubieran sentido aquellos que me legaron esa dosis de sangre prehispánica que corre por mis venas, al ver sus montañas guardianas del agua, volverse un cráter contaminado por cianuro?
¿Que se festeja el quince de septiembre en una nación con más de 100.000 muertos desde el 2006., 26 mil 366 desaparecidos desde el 2007, y 281.000 desplazados desde el 2009?
¿Que se celebra en una nación en donde la declaración ficticia de una guerra contra el narcotráfico, por parte de un gobierno que se mimetiza y parece mantener una relación simbiótica con el crimen organizado, sirve como tapadera para eliminar líderes campesinos, activistas varios, y reporteros de medios libres?

Yo celebro mi propia independencia individual, soy libre para construirme como quiero ser. Para prepararme para ser un guerrero primero en lo interno y luego para luchar contra aquellos que convierten las aulas en cementerios, aquellos que entierran a nuestros héroes. Me declaro su enemigo.
Pero no como aquellos que se proclaman revolucionarios de facebook, ni de aquellos que solo levantan sus voces y sus puños en las manifestaciones, y nunca han pisado una comunidad rural marginada. La lucha esta con aquellos que han resistido en su vida cotidiana, como sus antepasados lo hicieron por 500 años, en todos aquellos pueblos donde la gente se levanta a las cinco de la mañana para cuidar la milpa que alimentara a su familia. Por aquellas madrecitas que con inmenso amor tiran las tortillas al comal, con aquel nixtamal del que los antiguos creían que formaba nuestra carne.
No luchare como aquellos que se declaman revolucionarios de la academia, recitando a Foucautl, Hobbes, Chomsky, como coloridas aves tropicales, y que no se dan cuenta que con su jerga pseudo intelectual, y su gusto por la complejización del lenguaje, no crean más que nuevas murallas que los separan de aquellos que creen defender? ¿Por qué no traducir el Leviatán de Hobbes, El Vigilar y Castigar, de Foucault en palabras que la gente normal pueda entender? Yo lo creo que lo he logrado a grandes rasgos en conversaciones informales con pescadores, campesinos, y artesanos viajeros.

Y aquí, al sur de nuestra frontera una nación de ocho millones nos dio una lección que deberíamos de aprender. Lo que pase a partir de ahí es secundario, pero que en tiempos de la plutocracia, una nación con una historia de violencia, opresión y desigualdad como la de Guatemala, pueda sacar a su presidente sin un solo tiro en la calle, es un ejemplo. Ojala le quite a algunos de mis compatriotas ciertos complejos de hermano mayor que tienen sobre las naciones centroamericanas.